domingo, 23 de mayo de 2010

No olvides al humano que vive dentro de ti !

Al día siguiente nos pusimos de camino. Fué muy divertido. Un amable granjero del luga nos llevó hasta allí en su camioneta. Estábamos todos en el remolque, ya con los uniormes del internado puestos. Contábamos chistes, anécdotas, cantábamos, bailábamos...No había nada ni nadie que pudiera con nuestra felicidad. Al llegar allí, el director del internado nos dió la bienvenida, solo éramos un grupo de chavales que se cambiaban de colegio.
-Me lo pido.- me dijo al oído Javier, con una sonrisa malvada y psicópata.
Pasámos dos semanas allí, haciéndonos pasar por personas cualquieras, sin levantar ni la más mínima sospecha sobre lo que íbamos a hacer. Nos divertía conocer a nuestras víctimas,convivir con ellas. Incluso había veces en las que les ayudábamos en sus pequeños e insignificantes problemas cotidianos, no se si por pena o en compensación ya que les íbamos a quitar la vida. Lo se, éramos unos asesinos con alimentación más alta de lo necesario, con la meta de encontrar el placer de beber sangre humana, un placer indescriptible. No comíamos para vivir, vivíamos para comer, pero os puedo asegurar, aunque cueste creer, que éramos buenas personas y, como decía mi madre, no olvidábamos al humano que vivía en nuestro quieto corazón.
Llegó la noche número 16. Hora de comer. Había tres grandes dormitorios: uno para alumnos, otro para alumnas y otro para profesores y empleados. Las sureñas hablábamos inquietas en nuestra habitación, a punto de dar el paso que cambiaría nuestra historia para siempre.
-No te preocupes, Lola.- me dijo Lupita interrumpiendo mis pensamientos. Las otras alumnas ya dormían. Ahora solo quedaba esperar a que los chicos vinieran a nuestra habitación y así empezar a dejarnos llevar por nuestro instinto.
Oímos un ruído. Éran ellos. Entraron sigilosamente en la habitación para que ninguna chica de las que estaba allí se despertara. Al menos que disfruten de su último sueño. Se sentaron todos a mi alrededor. No sabía porqué hicieron eso hasta que me acordé de que mi madre siempre decía unas palabras al resto del grupo antes de un gran banquete.
-Bueno, chicos, aquí estamos. No se me da muy bien esto de hablar, así que terminaré rápido. Ni os imagináis lo importante que es esta noche para nosotros. Esta noche será recordada como el primer ¡BUM! de los sureños. Se que hay que tener el corazón muy frío para hacer lo que estamos a punto de hacer, y que no es tan fácil como parece quitar la vida a alguien sabiendo que no se lo merecen, pero es un precio que tenemos que pagar. Y lo que os quiero pedir es que cuando sintáis ese dulce líquido por la garganta, penséis que después de eso, llevaremos el nombre de "sureños" !hasta las nubes! Y que como decía mi madre: no olvidéis al humano que vive dentro de ti. Y ahora, ¡A COMER!

De quince a cuatrocientos.

En la historia de mi vida, influyen mucho los sureños, mi única y verdadera familia. Todos teníamos más o menos la misma edad, o al menos eso aparentábamos. Quizá el que parecía más pequeño era Alfonso, con su carita de niño de 15 años, y la más mayor Nerea, unos 23 o 24 años.
Cuando mi madre se fué, todos estaban de acuerdo en que yo debía gobernar, ya que soy la hija de la antigua líder. Decidí tomarme el trabajo con responsabilidad, hacer siempre lo mejor para el grupo, que ninguno de nosotros saliera perjudicado. Asi que quise variar la forma en la que matábamos.
-Chicos, voy a cambiar la técnica de caza.- les dije en un parque de no me acuerdo donde. Lo que si que recuerdo es que yo estaba de pie, y los demás sentados, atendiendo a mis palabras.
-¿Por que? Nos va bastante bien.-dijo Lupita.
-Si Lupe, pero nos podía ir mejor. Está bien comer 15 humanos diarios, pero estaría mejor si fueran, no se...400.
-¿400?- dijeron todos al unísono.- ¿Y como pretendes hacer eso?- preguntó Celina. Sonreí.
-Por favor, chicos, miráos. Tenemos el don de la juventud eterna, parecemos niños. ¿Y a donde van los niños?
Todos se quedaron en silencio, no comprendían lo que quería decir. Pero Uker soltó una risilla para el mismo y contestó la respuesta correcta.
-Al colegio.
-Exacto Uker, al colegio. A 40Km de aquí existe un internado llamado "Arca". 432 alumnos de entre 12 y 18 años, 22 profesores y 5 empleados. Un internado alejado de la mano de Dios, incomunicado todo el año. Lo que propongo es que nos hagamos pasar por 17 alumnos más, convivamos con ellos, estudiemos, se confíen, y luegos ¡ZAS! por la noche nos comemos a todo humano que esté en ese edificio.
-¿Y luego dónde metemos los cuerpos?
-Quemamos el edificio y parecerá que murieron en un incendio. ¿Que me decís?

Se quedaron pensativos. Tenían que tomar la decisión que cambiaría sus vidas para siempre. Se levantaron del suelo.
-De acuerdo, lo haremos.

sábado, 22 de mayo de 2010

Mala fama.

De aquella éramos 17 personas en el grupo sureño. Supongo que uno de los más importantes era Jasper, ex-novio de mi madre. Se fué al poco de comenzar mi mandato, cuando abandonó a mi madre por una vampira llamada Alice Cullen. Jasper siempre me pareció un tipo muy rarito. Dejó a mi madre, una mujer fuera de sus cabales para irse con otra que había estado en un manicomio... Aunque hay que reconocer que siempre se portó muy bien conmigo, fué el padre que nunca tuve, o algo así.
Guadalupe, Lupita para nostros, era una de mis primeras amigas. Alta, pelirroja, cara de niña buena y con el poder de la telepatía, aunque solo lo utilizaba para gastarnos alguna broma que otra.
Uker, era su hermano, y prácticamente también el mío.
Mía y Celina eran las gemelas más curiosas que he conocido nunca, siempre confundiéndonos con su extremado y perfecto parecido.
Podría seguir hablandote de gente de este grupo, con una apasionada historia detrás de cada uno, pero no acabaríamos nunca.
Entre los demás vamiros, sobre todo los "vegetarianos", los sureños tenemos muy mala fama. Para ellos somos el claro ejemplo de vampiros sádicos, eternamente sedientos, malvados y vengativos. Según creen la mayoría de las personas que han oído hablar de nosotros, somos la parte mala de nuestra especie, irresponsables que solo buscamos placer sobrealimentándonos. No se equivocan. Éramos como mounstruos, pero detrás de cada mounstruo, siempre hay una historia, una historia que poca gente sabe. Y mucha menos gente sabe lo que pasó realmente en la época de oro sureña. Entre todos llegamos a ser más que una familia, llegamos a ser, la familia.

Si tienes miedo, aprende atragártelo.

No me preguntes por mi nombre, no lo se. Aunque todos los que me conocen me llaman Lola, ya que es el típico nombre español y supongo que yo soy la típica tipa española. Tampoco me preguntes cuando nací, porque tampoco lo se. Pero apostaría que fué en verano, una simple superstición. Lo que si se es que mi padre es rey, pero no cualquier rey, es el rey de los vampiros, Aro Vulturi, o al menos eso decía mi madre, María, una mexicana que, en mi opinión, está loca, como una cabra.
Me crié sola. Pero sola, sola. En una pequeña casa de Huelva. No me supuso ningún problema, una niña vampira como lo fuí yo, pasa de aparentar dos años a aparentar once en venticuatro horas. Pero no te preocupes, paré de crecer tan descomunalmente cuando tenía el aspecto de una jóven de veinte años aproximadamente.
Mi madre (fijaos si esta loca) ni si quiera me puso nombre, o si lo hizo, no me lo dijo. Me visitaba con frecuencia, apenas recuerdo como eran sus breves visitas.
En 1920, me llevó con ella a México, a aprender el oficio de mi madre: reclutar vampiros para gobernar territorios latino-americanos. Cuando conquistamos con nuestro pequeño ejército todo lo que pudimos ( éramos entre 20 y 60 vampiros, dependía de la época) nos habíamos cogido demasiado cariño como para separarnos, así que nos dedicábamos a beber sangre humana conjuntamente. Llegamos a ser famosos en el mundo vampírico por matar a grandes masas de personas en poco tiempo, pero disimuladamente, verás porqué más adelante.
Nos lamaban "los sureños" porque solíamos atacar en países al sur del Ecuador, no por nada en especial, simplemente nos guntaba el clima de aquellos sitios a donde íbamos.
En 1934 mi madre desapareció, se fué. No me importó mucho, apenas hablaba con ella Lo único que me decía era que si tenía miedo, tenía que aprender a tragarmelo. Y parece que no, pero fué un gran consejo. Asi que me nombraron la nueva líder de los sureños. Fué entonces cuando empezó la diversión.