Al día siguiente nos pusimos de camino. Fué muy divertido. Un amable granjero del luga nos llevó hasta allí en su camioneta. Estábamos todos en el remolque, ya con los uniormes del internado puestos. Contábamos chistes, anécdotas, cantábamos, bailábamos...No había nada ni nadie que pudiera con nuestra felicidad. Al llegar allí, el director del internado nos dió la bienvenida, solo éramos un grupo de chavales que se cambiaban de colegio.
-Me lo pido.- me dijo al oído Javier, con una sonrisa malvada y psicópata.
Pasámos dos semanas allí, haciéndonos pasar por personas cualquieras, sin levantar ni la más mínima sospecha sobre lo que íbamos a hacer. Nos divertía conocer a nuestras víctimas,convivir con ellas. Incluso había veces en las que les ayudábamos en sus pequeños e insignificantes problemas cotidianos, no se si por pena o en compensación ya que les íbamos a quitar la vida. Lo se, éramos unos asesinos con alimentación más alta de lo necesario, con la meta de encontrar el placer de beber sangre humana, un placer indescriptible. No comíamos para vivir, vivíamos para comer, pero os puedo asegurar, aunque cueste creer, que éramos buenas personas y, como decía mi madre, no olvidábamos al humano que vivía en nuestro quieto corazón.
Llegó la noche número 16. Hora de comer. Había tres grandes dormitorios: uno para alumnos, otro para alumnas y otro para profesores y empleados. Las sureñas hablábamos inquietas en nuestra habitación, a punto de dar el paso que cambiaría nuestra historia para siempre.
-No te preocupes, Lola.- me dijo Lupita interrumpiendo mis pensamientos. Las otras alumnas ya dormían. Ahora solo quedaba esperar a que los chicos vinieran a nuestra habitación y así empezar a dejarnos llevar por nuestro instinto.
Oímos un ruído. Éran ellos. Entraron sigilosamente en la habitación para que ninguna chica de las que estaba allí se despertara. Al menos que disfruten de su último sueño. Se sentaron todos a mi alrededor. No sabía porqué hicieron eso hasta que me acordé de que mi madre siempre decía unas palabras al resto del grupo antes de un gran banquete.
-Bueno, chicos, aquí estamos. No se me da muy bien esto de hablar, así que terminaré rápido. Ni os imagináis lo importante que es esta noche para nosotros. Esta noche será recordada como el primer ¡BUM! de los sureños. Se que hay que tener el corazón muy frío para hacer lo que estamos a punto de hacer, y que no es tan fácil como parece quitar la vida a alguien sabiendo que no se lo merecen, pero es un precio que tenemos que pagar. Y lo que os quiero pedir es que cuando sintáis ese dulce líquido por la garganta, penséis que después de eso, llevaremos el nombre de "sureños" !hasta las nubes! Y que como decía mi madre: no olvidéis al humano que vive dentro de ti. Y ahora, ¡A COMER!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Me gusta, me gusta ^^ Aunque parece un poquillo sádico ¬¬ xdd Total, dentro de poco lo que pondré yo será igual de sádico... <.< >.> *chan, chan, chan...* Besos !:D
ResponderEliminarSOY LA PRIMERA EN COMENTAR EN TODA LA HISTORIA DE TU BLOG!!!!!!!!!!!! :O:O:O:O:O
ResponderEliminar