sábado, 22 de mayo de 2010

Si tienes miedo, aprende atragártelo.

No me preguntes por mi nombre, no lo se. Aunque todos los que me conocen me llaman Lola, ya que es el típico nombre español y supongo que yo soy la típica tipa española. Tampoco me preguntes cuando nací, porque tampoco lo se. Pero apostaría que fué en verano, una simple superstición. Lo que si se es que mi padre es rey, pero no cualquier rey, es el rey de los vampiros, Aro Vulturi, o al menos eso decía mi madre, María, una mexicana que, en mi opinión, está loca, como una cabra.
Me crié sola. Pero sola, sola. En una pequeña casa de Huelva. No me supuso ningún problema, una niña vampira como lo fuí yo, pasa de aparentar dos años a aparentar once en venticuatro horas. Pero no te preocupes, paré de crecer tan descomunalmente cuando tenía el aspecto de una jóven de veinte años aproximadamente.
Mi madre (fijaos si esta loca) ni si quiera me puso nombre, o si lo hizo, no me lo dijo. Me visitaba con frecuencia, apenas recuerdo como eran sus breves visitas.
En 1920, me llevó con ella a México, a aprender el oficio de mi madre: reclutar vampiros para gobernar territorios latino-americanos. Cuando conquistamos con nuestro pequeño ejército todo lo que pudimos ( éramos entre 20 y 60 vampiros, dependía de la época) nos habíamos cogido demasiado cariño como para separarnos, así que nos dedicábamos a beber sangre humana conjuntamente. Llegamos a ser famosos en el mundo vampírico por matar a grandes masas de personas en poco tiempo, pero disimuladamente, verás porqué más adelante.
Nos lamaban "los sureños" porque solíamos atacar en países al sur del Ecuador, no por nada en especial, simplemente nos guntaba el clima de aquellos sitios a donde íbamos.
En 1934 mi madre desapareció, se fué. No me importó mucho, apenas hablaba con ella Lo único que me decía era que si tenía miedo, tenía que aprender a tragarmelo. Y parece que no, pero fué un gran consejo. Asi que me nombraron la nueva líder de los sureños. Fué entonces cuando empezó la diversión.

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